Los más antiguos pobladores de los que se tiene testimonio arqueológico vivieron en Las Tablas hace 3.500 años aproximadamente. Se trata del Bronce de La Mancha, cultura basada en la agricultura y la ganadería, cuyos asentamientos formaban estructuras circulares y que debido al discurrir del tiempo han sido cubiertos por la vegetación formando montículos bien visibles en el entorno. Es el caso de la “Motilla de Las Cañas” que se encuentra dentro del Parque Nacional y, (actualmente, rodeada de agua), o de otras que se encuentran también en el Guadiana pero ya fuera de los límites del Parque como puedan ser la “Motilla de La Máquina” o la de “Zuacorta“. Podemos encontrarnos también en el cauce del Río Azuer, la “Motilla del Azuer“, la cual esta siendo explorada y estudiada en la actualidad.

La “Motilla de Las Cañas” sería nuevamente habitada por los íberos; posteriormente, se sabe también del paso de la civilización romana como atestiguan los restos que se encuentran en el Parque de ésta cultura; y de los visigodos de los que también tenemos huellas de su civilización en restos arqueológicos que se han encontrado en los alrededores.

Cuando hablamos de Las Tablas no podemos dejar de hablar de la “Dehesa de Zacatena“, ya que la historia de ésta es también la del Parque. Aunque hoy se reduzca a las encinas que desde la isla del Pan vemos al fondo si miramos hacia la sierra, la superficie de la dehesa tenía una amplitud mayor incluso que la que hoy tiene el Parque y constituía una única entidad que será administrada por musulmanes primero y cristianos después, ambos desde la fortaleza de Calatrava la Vieja. Ésta ciudad, muy próxima a Las Tablas, tendrá un gran influjo sobre toda la zona durante la Edad Media y será objetivo cristiano en su afán de dominar la línea defensiva del Guadiana.

Una vez pacificada la zona, será otorgada a la Orden de Calatrava que toma el nombre de ésta fortaleza de la que hablábamos y comienza a repoblar sus dominios. Estos caballeros de vida religiosa pronto impondrán en la Dehesa de Zacatena su poder y la administrarán durante toda la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna. Con la incorporación de las órdenes militares a la Corona en época de los Reyes Católicos, Las Tablas, pasarán a integrarse en los intereses de los diferentes monarcas castellanos. Debemos destacar que la Dehesa de Zacatena debió ser una auténtica reserva señorial del Maestre de la Orden y luego de los monarcas, de la que se extraía importantes beneficios de la explotación de los ricos pastos por la ganadería, de la capacidad de los molinos harineros del Guadiana o de la caza y pesca existentes, entre otros muchos aprovechamientos.

De su riqueza para la caza, da testimonio la primera descripción que se da en el “Libro de la Caza“, de 1325, del Infante Don Juan Manuel y las “Relaciones Topográficas mandadas hacer por Felipe II“, donde tenemos la primera noticia de la historia de la preservación del paraje, fruto de las aficiones cinegéticas de Felipe II. Con el paso del tiempo la dehesa que proporcionaba pastos a la caballería de la Orden, pierde esa función y Zacatena se convierte en un excelente invernadero para las ovejas merinas trashumantes.

Ya en época contemporánea, las desamortizaciones liberales repartieron las tierras de Las Tablas entre ricos propietarios y es el momento de la explotación cinegética organizada, con la aparición de las primeras sociedades de cazadores que toman en arrendamiento la caza de la zona. Con el paso de los años, la agricultura presiona los límites de Las Tablas e impulsa un “desarrollismo” que con el tiempo se demostrará fatal para el Parque. Ni siquiera la protección que supone la declaración de Parque Nacional en 1973, consiguen frenar el progresivo deterioro que sufren Las Tablas debido a la falta de agua hasta el día de hoy y que condiciona gravemente el futuro de la zona.

Texto elaborado por: Alberto Celis