“Daimiel es un oasis en la estepa de La Mancha (…) Es el milagro del agua, es el tesoro soterrado y sacado a la superficie en una labor de años, de lustros, quizás de siglos. Milagros de Daimiel, maravilla de transformación de secano en regadío, que se repite en otras zonas manchegas, aunque en menor intensidad, porque la fertilidad de la estepa está condicionada a la existencia de agua.” ( Francisco Pérez Fernández: Daimiel, Geografía de un pueblecito Manchego, Ciudad Real, Publicaciones del Instituto de Estudios Manchegos, 1958, pág. 7).

Las Tablas de Daimiel se forman por la confluencia de dos ríos de distinta naturaleza, el Guadiana, de aguas dulces y carácter permanente y el Gigüela de aguas saladas y carácter estacional. Ambos ríos al situarse en una suave depresión de terreno y sobre roca caliza (que facilita en encharcamiento) da lugar a una laguna fluvial inundada con aportes de agua subterránea, procedentes de la descarga del acuífero en la Llanura Manchega.

La vida en Las Tablas comienza de forma sencilla: el Gigüela, río con carácter estacional inunda la Llanura durante el invierno, mientras que el Guadiana con carácter permanente aporta agua procedente del acuífero 23 durante todo el año, desde los Ojos del Guadiana ( afloramientos de agua subterránea de dicho río. Se encuentran situados a unos 12 Km aguas arriba de Las Tablas).

Todo ello genera una superficie inundada durante casi todo el año, de características químicas muy peculiares. Las Tablas de Daimiel están situadas en la Cuenca Alta del Guadiana, ello hace que el Parque esté ligado a su cuenca superficial. La cuenca se extiende a lo largo de unos 13.000 Km y la red hidrográfica principal está formada por los ríos Gigüela, Azuer, Záncara y Guadiana, todos ellos con funcionamiento estacional muy parecido. Sin embargo, el cauce del Guadiana se ha convertido en receptor de aguas del Parque, provocando así los hundimientos e infiltrándose desde aquí hasta el acuífero.

Otro aporte importante de agua para Las Tablas es el denominado Acuífero 23 que se extiende a lo largo de unos 5000 Km. Las Tablas han sido receptoras de sus aguas hasta la década de los años 70, cuando el impulso desarrollista de la comarca transformó los tradicionales cultivos de secano a regadío. Esta transformación en el sistema de regadío ha ocasionado que los niveles hídricos del Parque desciendan, así la superficie inundada ha sido decreciente y variable durante los últimos años.

La superficie inundada ronda las 1800 Has. La pauta general solía ser de unos máximos en primavera, y mínimos sin desecación total en verano. En la actualidad, la tendencia suele ser de máximos en invierno y mínimos sin desecación total en verano. Mediante el Plan de Regeneración Hídrica se pretende tener unos niveles de inundación aceptables al final de la estación seca.

 

Podemos destacar que en los últimos años se ha producido un aumento de los niveles de eutrofia, como consecuencia de un aumento de nutrientes. Ello, ha generado una producción masiva de algas y de plantas superiores emergentes, que dan lugar a una mayor acumulación de materia orgánica dentro del humedal, como resultado un mayor porcentaje de oxígeno líquido disuelto en el agua que ayuda a descomponer los restos orgánicos.

En la actualidad y desde el año 2011 el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel vuelve a tener una superficie de encharcamiento entre el 50-80% gracias a la recuperación de los niveles del anteriormente mencionado Acuífero 23.

Texto elaborado por: Mari Cruces Moreno